Una emoción es una respuesta “reactiva”
derivada de una programación básica o adquirida de nuestra mente
subconsciente, generalmente con la función de proteger o preservar la integridad
física y emocional. Un sentimiento es el resultado de una respuesta “proactiva”
de una emoción a la cual se ha pasado por el filtro de la mente consciente. En
ambos casos, bien sea que actuemos influenciados por reacciones automáticas o
en base a un plan y objetivo preconcebido, estamos dejando al azar un alto porcentaje
del resultado esperado.
Esto se debe por una parte a que las
respuestas automáticas carecen de fundamento lógico, ya que son puramente
emocionales, y por otro lado el sentimiento resultante de una conclusión mental
está contaminado por los juicios, paradigmas,
estereotipos y creencias que acumulamos a lo largo de nuestra experiencia de
vida.
¿Qué hacer entonces? ¿Cómo tomar decisiones
que garanticen un mínimo de control consciente sobre los resultados esperados?
La alternativa es cultivar el hábito de la “preactividad”.
SI la reactividad es actuar como respuesta a
un estimulo y la proactividad es actuar en base a un plan preconcebido tomando
la iniciativa… la pre-actividad no es más que la anticipación a los posibles
imprevistos que puedan ocasionar cambios internos a nuestra emocionalidad
cuando surgen obstáculos e inconvenientes. En otras palabras ser preactivos
significa tener a la mano un plan B, e inclusive un plan C, D… o hasta un plan
Z si fuere necesario.
No dejarse llevar por las emociones primarias
reactivas, controlar los sentimientos resultantes modificando nuestro modo de
pensar y anticiparnos incluso a lo que podemos llegar a sentir frente a cambios
imprevistos en nuestros planes, nos otorgará un aceptable control de las
respuestas emocionales ante factores externos y por ende transitaremos en
primera clase el viaje que ocurre de la emoción al sentimiento. Continuará...si es su deseo!
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