domingo, 4 de febrero de 2018

De la emoción al sentimiento…


Una emoción es una respuesta  “reactiva”  derivada de una programación básica o adquirida de nuestra mente subconsciente, generalmente con la función de proteger o preservar la integridad física y emocional. Un sentimiento es el resultado de una respuesta “proactiva” de una emoción a la cual se ha pasado por el filtro de la mente consciente. En ambos casos, bien sea que actuemos influenciados por reacciones automáticas o en base a un plan y objetivo preconcebido, estamos dejando al azar un alto porcentaje del resultado esperado.

Esto se debe por una parte a que las respuestas automáticas carecen de fundamento lógico, ya que son puramente emocionales, y por otro lado el sentimiento resultante de una conclusión mental está  contaminado por los juicios, paradigmas, estereotipos y creencias que acumulamos a lo largo de nuestra experiencia de vida.

¿Qué hacer entonces? ¿Cómo tomar decisiones que garanticen un mínimo de control consciente sobre los resultados esperados? La alternativa es cultivar el hábito de la “preactividad”.

SI la reactividad es actuar como respuesta a un estimulo y la proactividad es actuar en base a un plan preconcebido tomando la iniciativa… la pre-actividad no es más que la anticipación a los posibles imprevistos que puedan ocasionar cambios internos a nuestra emocionalidad cuando surgen obstáculos e inconvenientes. En otras palabras ser preactivos significa tener a la mano un plan B, e inclusive un plan C, D… o hasta un plan Z si fuere necesario.


No dejarse llevar por las emociones primarias reactivas, controlar los sentimientos resultantes modificando nuestro modo de pensar y anticiparnos incluso a lo que podemos llegar a sentir frente a cambios imprevistos en nuestros planes, nos otorgará un aceptable control de las respuestas emocionales ante factores externos y por ende transitaremos en primera clase el viaje que ocurre de la emoción al sentimiento. Continuará...si es su deseo!