lunes, 26 de diciembre de 2016

Los regalos que nunca llegaron...


Diamante, Jaspe y Rubí…en el hermoso cuento de navidad de Henry Van Dyke , “El Rey Mago que nunca llegó”, se cuenta la historia de Artaban (El cuarto Rey Mago) que por detenerse a ayudar a un moribundo, salvar la vida de unos niños y liberar a una joven, no solo llegó tarde a su reunión con los otros tres reyes, sino que utilizó los regalos destinados al niño Dios para cumplir tales obras de misericordia…

Muchas personas tienen en su lista de deseos, anhelos que nunca se cumplieron, desde el exitoso ejecutivo que nunca recibió una bicicleta para navidad, hasta el ama de casa que no logró su deseo de ver a toda su familia completa y reunida para la noche buena, son muchos los anhelos del corazón materiales o espirituales que cada navidad parecen ser la nota discordante del espíritu de celebración de las fiestas.

Cuando se tienen grandes deseos (o anhelos) es porque el cumplimiento de ellos es de importancia para la existencia, para complementar lo que la esencia de cada quien representa y es por ello que más que un capricho pasajero, su logro simboliza una victoria para el espíritu.

La misión de vida de Artaban era reunirse con el Mesías, a ello empeño su existencia y por treinta y tres años estuvo en la búsqueda de ese objetivo, mientras en su proceso cumplía sin saberlo la verdadera misión que el universo tenía para él. Cuando al final de su camino al fin se encuentra con Jesucristo ya crucificado en una visión, este le dice… “Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, estuve enfermo y me curaste, me hicieron prisionero y me liberaste”, a lo que Artabán pregunta: “¿Cuándo hice yo esas cosas?”, a lo que la figura con la voz de Jesús respondió: “Lo que hiciste por tus hermanos, lo hiciste por mí” 

Ese gran deseo del corazón permanece intacto y latente porque su razón de ser es permitir por el contraste de su ausencia la manifestación de muchas otras bendiciones, que en caso contrario no serían siquiera apreciadas o reconocidas. Mientras llega la manifestación de tales anhelos, el proceso nos permite en el camino y por causa del esfuerzo que para conseguirlo realizamos obtener; madurez, crecimiento, paciencia, tolerancia, empatía y otras tantas virtudes adicionales necesarias para nuestra evolución espiritual.


Ya por último es importante recordar que todo genuino deseo del corazón ya está por defecto cumplido y todo los que debemos hacer es permitir que el llegue a nosotros y no obstaculizar la labor del universo tratando nosotros desde nuestro limitado estado de consciencia llegar a ellos.

Continuará...si es su deseo!!!