Diamante, Jaspe y
Rubí…en el hermoso cuento de navidad de Henry Van Dyke , “El
Rey Mago que nunca llegó”, se cuenta la historia de Artaban (El cuarto Rey
Mago) que por detenerse a ayudar a un moribundo, salvar la vida de unos niños y
liberar a una joven, no solo llegó
tarde a su reunión con los otros tres reyes, sino que utilizó los regalos
destinados al niño Dios para cumplir tales obras de misericordia…
Muchas
personas tienen en su lista de deseos, anhelos que nunca se cumplieron, desde
el exitoso ejecutivo que nunca recibió una bicicleta para navidad, hasta el ama
de casa que no logró su deseo de ver a toda su familia completa y reunida para
la noche buena, son muchos los anhelos del corazón materiales o espirituales
que cada navidad parecen ser la nota discordante del espíritu de celebración de
las fiestas.
Cuando
se tienen grandes deseos (o anhelos) es porque el cumplimiento de ellos es de
importancia para la existencia, para complementar lo que la esencia de cada
quien representa y es por ello que más que un capricho pasajero, su logro
simboliza una victoria para el espíritu.
La
misión de vida de Artaban era reunirse con el Mesías, a ello empeño su
existencia y por treinta y tres años estuvo en la búsqueda de ese objetivo,
mientras en su proceso cumplía sin saberlo la verdadera misión que el universo
tenía para él. Cuando al final de su camino al fin se encuentra con Jesucristo
ya crucificado en una visión, este le dice… “Tuve
hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me
vestiste, estuve enfermo y me curaste, me hicieron prisionero y me liberaste”,
a lo que Artabán pregunta: “¿Cuándo hice yo esas cosas?”, a lo que la figura
con la voz de Jesús respondió: “Lo que
hiciste por tus hermanos, lo hiciste por mí”
Ese gran deseo del corazón
permanece intacto y latente porque su razón de ser es permitir por el contraste
de su ausencia la manifestación de muchas otras bendiciones, que en caso
contrario no serían siquiera apreciadas o reconocidas. Mientras llega la
manifestación de tales anhelos, el proceso nos permite en el camino y por causa
del esfuerzo que para conseguirlo realizamos obtener; madurez, crecimiento,
paciencia, tolerancia, empatía y otras tantas virtudes adicionales necesarias para nuestra evolución espiritual.
Ya por último es importante
recordar que todo genuino deseo del corazón ya está por defecto cumplido y todo
los que debemos hacer es permitir que el llegue a nosotros y no obstaculizar la
labor del universo tratando nosotros desde nuestro limitado estado de
consciencia llegar a ellos.
Continuará...si es su deseo!!!

