domingo, 5 de febrero de 2017

NOSTALGIA Vs AÑORANZA


“No sé por qué, pero hoy me dio por extrañarte, por echar de menos tu presencia, alguien dijo que el olvido está lleno de memoria” (Mario Benedetti)

Echar de menos a alguien o a algo es una reacción natural del alma humana… “Y es que cuando uno sacude el cajón de los recuerdos, son los recuerdos los que terminan sacudiéndolo a uno” (Andrés Castuera).

 Se puede echar de menos al amigo que se tuvo que ir del país, al familiar que ha fallecido o a la pareja con quien se ha roto…se puede echar de menos el entorno que ha cambiado, los lugares de los que nos hemos alejado, la casa o los muebles, aquel parque o aquella mascota amiga.
Las razones válidas y justificadas que nos llevan a apartarnos de algún lugar o persona, con el paso del tiempo mientras cambiamos, maduramos y evolucionamos pierden sentido, se minimizan ante una nueva óptica de ver la vida. Las razones ilógicas, irreflexivas o apasionadas que nos llevaron instintivamente a entrar en una relación, con el paso del tiempo y ante el contraste de su ausencia parecen magnificarse y validarse…

La tendencia es a recordar lo bueno y lo positivo, a filtrar los defectos y a los errores. En el tiempo y en la distancia se diluye la perspectiva emocional que enfoca lo malo y se potencia la perspectiva emocional que aprecia y valora lo bueno. Muchos estímulos externos contribuyen a activar en la memoria, las emociones intensas que en el pasado se vivieron; un aroma, una canción, una frase pueden detonar inconscientemente los recuerdos y aparece la añoranza como un sentimiento que duele profundamente por la ausencia de lo que ya no está.

La añoranza es un sentimiento que se alimenta de la autocompasión y nos victimiza…el ego nos carga de culpa para asegurar su sobrevivencia y vigencia manipuladora. El cambio, la adaptación y la evolución del Ser representa para el ego un autentico peligro y buscara por todos los medios perdurar aprovechando los momentos de nostalgia para afianzarse en el alma por medio de lo que “fue y ya no será”.

La nostalgia en cambio está asociada a la memoria cariñosa que reconoce, valora y agradece los momentos gratos compartidos en el pasado. Es más hacia el otro que hacia uno mismo. Es un tributo a un ser querido, un suceso, un lugar o un objeto que representó una bendición y una oportunidad de disfrute, crecimiento y aprendizaje en nuestras vidas. Cuando este es el sentimiento que está presente estamos en la capacidad por ejemplo de echar de menos a un amigo que se ha ido a vivir a otro país, porque dejaremos de compartir muchas cosas, pero nos alegraremos de que sea feliz y siga su camino. Puede que la relación cambie, pero si mantenemos el contacto, la amistad perdurará en el tiempo y la distancia.

Los recuerdos enfocados desde esta perspectiva, simbolizan una remembranza que nos aportará emociones positivas derivadas desde el profundo agradecimiento por aquellos que nunca dejaran de estar en nuestras vidas, que pasaron y se quedaron con su aporte de amor, de ejemplo y de enseñanza.

La siguiente carta de amistad refleja fielmente lo que es un sentimiento de nostalgia, carente de añoranza. Basado en el amor y la gratitud… en el tributo y el privilegio que siente quien lo escribió.

“Has formado parte de mi vida, y aunque ya no estés a mi lado, aunque nuestra relación ya no sea la misma, no puedo evitar echarte de menos, recordar cómo fueron esos días que compartimos y que no volveremos a disfrutar, pero pueden ser otros días, otros momentos los que creemos juntos. Extraño la forma que tenías de mirarme cuando sabías lo que estaba pensando, cuando estaba enfadada y tú ya conocías el motivo. Extraño decirte buenas noches aunque estuvieras a miles de kilómetros y para ti fuera aún de día.
Me gustaría volver a verte, porque aunque haya transcurrido mucho tiempo, yo siempre he pensado en ti, y deseo mirarte a los ojos de nuevo y saber que siempre has estado cerca, que has pensado en mí, que te ha preocupado cómo estoy. No importa que sea un rato o varios días, dime dónde y cuándo vernos y acudiré a compartir un rato contigo. Si me buscas, si me escribes, si quieres saber de mí, como yo lo hago, entonces sabré que realmente me extrañas, que el tiempo carece de importancia, que ha sido solo un lapso que hemos superado con nuestro cariño y nuestro amor. Dime dónde y cuándo vernos. Dime un lugar y una hora y acudiré para mirarte de nuevo a los ojos y saber que siempre has estado ahí.”