“No sé por qué, pero hoy me dio
por extrañarte, por echar de menos tu presencia, alguien dijo que el olvido
está lleno de memoria” (Mario Benedetti)
Echar de menos a alguien o a algo es una reacción
natural del alma humana… “Y es que cuando
uno sacude el cajón de los recuerdos, son los recuerdos los que terminan
sacudiéndolo a uno” (Andrés Castuera).
Se
puede echar de menos al amigo que se tuvo que ir del país, al familiar que ha
fallecido o a la pareja con quien se ha roto…se puede echar de menos el entorno
que ha cambiado, los lugares de los que nos hemos alejado, la casa o los
muebles, aquel parque o aquella mascota amiga.
Las razones válidas y justificadas que nos
llevan a apartarnos de algún lugar o persona, con el paso del tiempo mientras
cambiamos, maduramos y evolucionamos pierden sentido, se minimizan ante una
nueva óptica de ver la vida. Las razones ilógicas, irreflexivas o apasionadas
que nos llevaron instintivamente a entrar en una relación, con el paso del
tiempo y ante el contraste de su ausencia parecen magnificarse y validarse…
La tendencia es a recordar lo bueno y lo
positivo, a filtrar los defectos y a los errores. En el tiempo y en la
distancia se diluye la perspectiva emocional que enfoca lo malo y se potencia
la perspectiva emocional que aprecia y valora lo bueno. Muchos estímulos
externos contribuyen a activar en la memoria, las emociones intensas que en el
pasado se vivieron; un aroma, una canción, una frase pueden detonar inconscientemente
los recuerdos y aparece la añoranza como un sentimiento que duele profundamente
por la ausencia de lo que ya no está.
La añoranza es un sentimiento que se alimenta
de la autocompasión y nos victimiza…el ego nos carga de culpa para asegurar su
sobrevivencia y vigencia manipuladora. El cambio, la adaptación y la evolución
del Ser representa para el ego un autentico peligro y buscara por todos los
medios perdurar aprovechando los momentos de nostalgia para afianzarse en el
alma por medio de lo que “fue y ya no será”.
La nostalgia en cambio está asociada a la
memoria cariñosa que reconoce, valora y agradece los momentos gratos
compartidos en el pasado. Es más hacia el otro que hacia uno mismo. Es un
tributo a un ser querido, un suceso, un lugar o un objeto que representó una
bendición y una oportunidad de disfrute, crecimiento y aprendizaje en nuestras
vidas. Cuando este es el sentimiento que está presente estamos en la capacidad
por ejemplo de echar de menos a un amigo que se ha ido a vivir a otro país,
porque dejaremos de compartir muchas cosas, pero nos alegraremos de que sea
feliz y siga su camino. Puede que la relación cambie, pero si mantenemos el
contacto, la amistad perdurará en el tiempo y la distancia.
Los recuerdos enfocados desde esta
perspectiva, simbolizan una remembranza que nos aportará emociones positivas
derivadas desde el profundo agradecimiento por aquellos que nunca dejaran de
estar en nuestras vidas, que pasaron y se quedaron con su aporte de amor, de
ejemplo y de enseñanza.
La siguiente carta de amistad refleja
fielmente lo que es un sentimiento de nostalgia, carente de añoranza. Basado en
el amor y la gratitud… en el tributo y el privilegio que siente quien lo
escribió.
“Has
formado parte de mi vida, y aunque ya no
estés a mi lado, aunque nuestra relación ya no sea la misma, no puedo evitar
echarte de menos, recordar cómo fueron esos días que compartimos y que no
volveremos a disfrutar, pero pueden ser otros días, otros momentos los que
creemos juntos. Extraño la forma que tenías de mirarme cuando sabías lo que estaba
pensando, cuando estaba enfadada y tú ya conocías el motivo. Extraño decirte buenas noches aunque estuvieras a miles de
kilómetros y para ti fuera aún de día.
Me gustaría volver a verte, porque
aunque haya transcurrido mucho tiempo, yo siempre he pensado en ti, y deseo mirarte a los
ojos de nuevo y saber que siempre has estado cerca, que has pensado en mí, que te ha preocupado cómo estoy. No importa que sea
un rato o varios días, dime dónde y cuándo vernos y acudiré a compartir un rato
contigo. Si me buscas, si me escribes, si quieres saber de mí, como yo lo hago,
entonces sabré que realmente me extrañas, que el tiempo carece de importancia,
que ha sido solo un lapso que hemos superado con nuestro cariño y nuestro amor.
Dime dónde y cuándo vernos. Dime un lugar y una
hora y acudiré para mirarte de nuevo a los ojos y saber que siempre has estado
ahí.”