El sentirnos preocupados equivale a reconocer que existe hipoteticamente una situación que no nos es posible controlar y que el resultado de esa situación puede afectarnos de manera negativa. Lamentablemente la preocupación es no solo una conducta estéril en el sentido de que solo se puede controlar el momento presente sino que también al estar preocupados utilizamos recursos mentales que podría emplearse en la prevención o la preparación para afrontar hechos adversos en el caso que se presentaren.
Ante la posibilidad de un evento que nos cause preocupación debemos imaginar y evaluar cual sería la peor consecuencia que este podría tener y cual sería la acción inmediata a tomar para solucionarlo, este ejercicio nos permitirá cambiar la preocupación por la pre-ocupación o lo que es lo mismo tomar de una vez y en el momento presente acciones que minimizen o anulen la posibilidad de que tal situación se presente.
La preocupación al igual que el miedo son conductas totalmente inmovilizadoras ya que nos privan de tomar acciones preventivas o correctivas y por ende dejamos al azar el resultado de hechos que pueden impactar nuestro futuro. Igualmente se debe comprender que el experimentar un sentimiento de angustia o ansiedad se debe exclusivamente a la manera como estamos pensando acerca de una situación en particular y que con solo cambiar nuestro modo de pensar nos permite modificar el sentimiento que estamos manifestando. Al anticiparnos a las consecuencias que se podrían derivar de nuestro temor y tener mecanismos para solucionarlas o minimizarlas nos invade una sensacion de tranquilidad producto de tener al menos anticipadamente la situación bajo control.
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